Emergencia en la Pista Ocho

          Era temprano un lindo día de verano de 1985.  Íbamos camino al aeropuerto en el auto de mi madre quien nos dejaría a mi padre y a mí en el área de 'salida' del Aeropuerto Luis Muñoz Marín en San Juan, Puerto Rico.  Nos dirigíamos a Japón con un grupo de trabajo a visitar factorías de ensamblaje de autos.  Mi madre, quien ya había estado en Japón, optó por quedarse en casa y no someterse al arduo itinerario de viaje.   Nos esperaba un viaje de sobre cuatro horas a Dallas y luego otro de sobre doce horas hasta Tokio.  Con el cambio de hora llegaríamos en la mañana del próximo día.

          Estábamos de buen ánimo ante el largo viaje.  Sería un viaje de vacaciones pagado por la empresa para un grupo de empleados de la industria de autos.  La mayoría de los miembros del grupo ya se conocían entre sí.  Algunos provenían de los 'dealers' de autos y otros de la casa distribuidora.  Era una gran oportunidad de viajar y conocer a Japón para muchos quienes no hubiesen podido costearse tal viaje.  Era un tipo de regalo y vacaciones combinadas.

          En el aeropuerto todo fluyó sin problemas.  Todos habían llegado a tiempo y se habían reunido en el área de entrega de equipaje.  Allí se repartieron las etiquetas para las maletas con el logo de la compañía para su fácil identificación.  Nuestros pasaportes fueron entregados a la coordinadora del viaje para agilizar los procedimientos de partida.  El viaje había sido planeado hasta el último detalle buscando la comodidad de los invitados de la compañía.  La coordinadora del viaje estaba a cargo de todo y todos en el grupo. 

          Los asientos que nos tocaron a mi padre y a mí no eran los mejores; en la fila central lejos de las ventanas y en la parte posterior del avión.  No pudimos lograr cambiarlos ya que el mismo estaba completamente lleno.  El avión era un DC-10 con capacidad para 270 personas.  Un avión verdaderamente grande y pesado que cuenta con un juego de ruedas extra que sale del centro del fuselaje a diferencia de los jets tradicionales que sólo cuentan con tres juegos de ruedas.

          Lento y seguro el avión fue empujado hacia atrás por el equipo de tierra hasta lograr una buena separación con el edificio terminal.  Acto seguido el equipo de tierra desconectó el carro remolque del avión mientras los pilotos encendían los tres motores de la nave. 

          Luego de una leve aceleración de los motores el pesado avión comenzó su movimiento por el corredor de salida hacia las pistas.  No veía mucho hacia fuera pero podía apreciar nuestra posición en el corredor de salida;  nos dirigíamos hacia la pista diez, la más corta de las dos disponibles en el Luis Muñoz Marín.  Pensé que sería raro usar la pista más corta para este tamaño de avión, pero...  más saben ellos que uno.  

         Sin aviso ninguno, el avión viró drásticamente y sin frenar hacia la derecha.  ¿Qué ocurre?  ¿Por qué el viraje súbito?  El avión continuó un viraje de 180 grados.  Viró hacia atrás, hacia la pista ocho.  "Que bien" pensé, "... pero que viraje tan feo."

          Al principio de la pista ocho el avión aumentó el poder de los motores al máximo y comenzamos a rodar por la pista.  El avión, como era de esperarse, se sentía lento y pesado.  "Va a tomar toda la pista para despegar" pensé.  La nave alcanzó buena velocidad cuando vi como la nariz del avión se elevaba.  Podía ver por todo lo largo del pasillo hacia alante. 

          Al levantarse la nariz, todo el avión comenzó a vibrar fuertemente.  Podía ver el largo pasillo flexionarse con la vibración.  La nariz del avión estaba brincando hacia arriba y abajo más que en la parte posterior donde nos encontrábamos.  Algo fuera de lo común estaba ocurriendo.  "Esto no está bien" pensé, "... y ya no queda mucha pista."  El avión entonces rotó la nariz hacia abajo hasta tocar la pista nuevamente.  Inmediatamente se sintió el efecto de los frenos.  Los 'spoilers' o frenos de ala subieron.  El piloto estaba tratando de abortar el despegue.  Yo sabía que quedaba poca pista y que estábamos yendo rápido y pesado hacia una laguna al final de la pista.  "Va a ser difícil parar a tan pesada nave en tan poca distancia."   Cuatro segundos más tarde, el avión inició un fuerte viraje a la izquierda que duró unos tres o cuatro segundos.  Entonces se sintió una caída que acabó de parar al avión.  Un pequeño alón del cinturón de seguridad marcó la frenada final.  Entonces se apreció como las ventanas se sumergían en agua turbia.  Era como si el avión fuese un submarino que se estuviese sumergiendo.  En cuestión de segundos la claridad del exterior se desvaneció;  ¡Estábamos bajo el agua, sumergidos! 

          Un silencio profundo consumió a la nave.  Durante unos largos segundos nadie se movió o emitió palabra.  ¿Qué hago?  ¡No hay por donde salir!    Una luz leve surgió de la parte posterior.  ¡Habían abierto una puerta!  Podía ver la silueta rectangular de luz.  Pero algo no estaba bien nuevamente;  humo estaba entrando por la puerta.  Algo se estaba quemando afuera del avión.  Nuestra única salida se veía comprometida por el humo. 

          Una voz femenina en tono autoritativo exclamó: "el avión va a explotar."  La voz provenía de la parte posterior cerca de la puerta.   Pude apreciar que se trataba de una de las asistentes de vuelo.  La respuesta grupal fue inmediata;  nos paramos y tratamos de caminar hacia la luz.  Mi padre trató de levantar su maletín del piso pero no pudo.  Luego de un segundo intento yo le pedí que caminara y se olvidara del mismo.  Él asintió y caminó frente a mí hacia la parte posterior de la nave.  El humo todavía entraba por la puerta pero no se veían llamas.  Los pasajeros empezaron a saltar hacia la balsa amarilla de escape que se había inflado.  Esta salida quedaba arriba de tierra firme.  La balsa formaba una rampa de bajada casi vertical con el suelo.

          Al llegar nuestro turno en la puerta, levanté a mi padre por abajo de los brazos, lo puse sobre la balsa y lo solté.  Luego yo salté.  Podía ver la grama alrededor de la balsa en fuego.  La gente corría para todas partes y un caos se había desatado.  Para entonces, otra puerta sobre una de las alas había abierto.  Había gente saltando del ala al agua.  Carros bombero se veían corriendo por la pista hacia nosotros.

          Caminamos por la pista la cual todavía tenía pedazos humeantes de las ruedas del avión.  Las ruedas se habían reventado durante la frenada y prendido en fuego.  También había una zanja en la tierra por donde había pasado el avión camino a la laguna.  Diferentes vehículos de rescate rodaban hacia el final de la pista.  Otros, tipo van, paraban a recoger pasajeros en la pista. 

          Fuimos llevados al terminal principal donde se nos permitió usar los teléfonos para llamar a nuestros familiares.  Mi madre, que había oído las sirenas de las ambulancias camino al aeropuerto, no creía lo que yo le decía.  Ella sencillamente me preguntó si ya teníamos otro vuelo en donde poder irnos.  Tuve que aclararle que nadie quería volar luego de este incidente y que algunos tenían heridas leves.  Esto me incluía a mí.  Tenía cortaduras en ambos codos, de la fricción con la balsa de escape, pero no le dije nada a mi madre. 

          Ya en el terminal los pasajeros fuimos atendidos por el personal médico y los periodistas tuvieron la oportunidad de entrevistar a los accidentados.  Por lo menos dos personas se desmayaron luego de observar la escena del accidente desde el terminal.  Era un panorama escalofriante.  Sólo se veía la cola del avión saliendo de entre los arbustos.  Fue una imagen inolvidable.  Estuvimos muy cerca de haber sufrido un serio accidente.

          Según el reporte final de la Administración Federal de Aviación en Junio del 1986,  la causa de la vibración que causó que el Capitán abortara el despegue fue el rompimiento de una de las ruedas.  Este rompimiento fue probablemente causado por un objeto foráneo que habría perforado la rueda.  El Capitán actuó correctamente al abortar el despegue e inducir el viraje que puso a la nave en el agua.  De un total de 270 personal a bordo, 31 sufrieron heridas menores y una tuvo daño en la espalda a causa de la abrupta parada en el agua.

          El avión, que recibió daño sustancial según el informe, estaba cargado con 95,700 libras de combustible.  Al momento de abortar el despegue, éste rodaba a 162 millas por hora, y aunque en teoría le quedaba suficiente pista para parar, no pudo utilizar sus frenos completamente al fallar subsecuentemente una segunda rueda.  La pronta reacción del Capitán permitió la aplicación de los frenos,  la utilización de los 'spoilers' y la aplicación de los motores en reversa, todo, en 2 o 3 segundos según el informe.

Por:  Emilio Vega

 

 

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12/30/03: